Frenos y seguridad

Hablemos de los frenos, pero hablemos en serio. Aquí en Alicante tenemos dos cosas que son mortales para el sistema de frenado: las cuestas de las zonas de montaña como la Carrasqueta y el salitre del aire del puerto. Si notas que al frenar el coche vibra, o que el pedal se hunde más de lo normal, no me vengas con que «mañana lo llevo». Con el motor roto te quedas tirado, pero con los frenos rotos te matas. Así de claro te lo digo. En mi taller no jugamos con esto. No entiendo a la gente que escatima cincuenta euros en unas pastillas de freno de marca reconocida y prefiere poner unas chinas que chirrían como un carro de bueyes y que se cristalizan a la primera bajada fuerte.

El mantenimiento de los frenos no es solo cambiar las pastillas cuando el chivato se enciende. Hay que mirar los discos, que no tengan rebaba, y sobre todo, hay que mirar el líquido de frenos. Ese es el gran olvidado. El líquido de frenos es higroscópico, lo que significa que absorbe la humedad del ambiente. Y aquí en la costa, humedad tenemos para exportar. Si el líquido tiene agua, cuando los frenos se calientan bajando un puerto, ese agua se convierte en vapor y te quedas sin pedal. Eso es el famoso «fading». En mi taller revisamos el estado del líquido con un probador electrónico, porque yo no adivino, yo compruebo.

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  • Sustitución de pastillas de freno delanteras y traseras con limpieza de pinzas.
  • Cambio de discos de freno: si están por debajo del grosor mínimo, se cambian sí o sí.
  • Purgado y sustitución del líquido de frenos: lo hacemos cada dos años, como manda la lógica.
  • Revisión de latiguillos y bombines: buscamos fugas y grietas causadas por el calor alicantino.
  • Freno de mano: lo ajustamos para que el coche no se vaya solo cuando aparcas en cuesta.

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NOTA DE MANUEL: Si oyes un chirrido metálico al frenar, es el avisador acústico de la pastilla tocando el disco. No es un grillo que se ha metido en la rueda, es tu coche pidiendo auxilio. Si sigues circulando así, te cargarás el disco y la broma pasará de costar cien euros a costar trescientos. Tú verás lo que haces con tu bolsillo.

Lo que yo hago en mi taller es desmontar, limpiar y engrasar los puntos de deslizamiento de la pinza. Muchos talleres quitan una pastilla y meten otra a martillazos. Eso es una chapuza. Si la pinza no desliza bien, la pastilla se gasta de lado y el coche frena mal. Aquí nos tomamos el tiempo de dejarlo todo suave. Alicante es una zona de mucho tráfico, mucho arranque y parada, y eso fatiga mucho el material. Si vas a viajar con la familia, ven y le pegamos un vistazo a los frenos en diez minutos. La tranquilidad de saber que el coche va a parar donde tú quieres no tiene precio. No busques ofertas imposibles en internet; busca seguridad y materiales que aguanten el trato duro.